Ecuador y China: misma juventud, distintos idiomas

Reflexiones en primera persona sobre vínculos personales que trascienden mis miles de kilómetros que pueden separar a dos pueblos.
Cristhian Torres - 2026-01-05
Hablar sobre las juventudes china y ecuatoriana no es sencillo, sobre todo si se toma en cuenta el abismo generacional de quien escribe. Sin embargo, como padre de dos gemelas adolescentes y como alguien que tuvo la oportunidad de convivir con varios jóvenes en Beijing, me atrevo a proponer, a través de este ensayo, una serie de reflexiones sobre los valores, sueños y aspiraciones que comparten las juventudes más allá de la distancia geográfica, las diferencias culturales y la barrera del idioma.

Mi primer amigo chino fue un joven intérprete que trabajó a mi lado durante mis recorridos por el gigante asiático. Desde el primer encuentro comenzaron a derrumbarse muchos de los prejuicios y conceptos que, como occidental, cargaba en mi mochila. En mi imaginario esperaba encontrar jóvenes rígidos, casi militares, más cercanos a un estereotipo mecanizado que a un adolescente sensible y curioso. Nada más alejado de la realidad. Mi interpreté Isaac, un joven de 21 años, me recibió con un saludo cálido, una sonrisa amplia y una genuina curiosidad por conocer mi cultura.
"Conocí a varios jóvenes que compartían los mismos sueños que mis hijas adolescentes. Querían estudiar para cambiar el mundo".
Durante ese y otros viajes conocí a varios jóvenes que compartían los mismos sueños que mis hijas adolescentes. Querían estudiar para cambiar el mundo, proteger el medio ambiente, construir una sociedad más justa y sin pobreza. Eran miradas cargadas de idealismo, casi de superhéroes en formación, que contrastaban con la cotidianidad de reír con sus amigos, disfrutar la música y celebrar los logros junto a sus seres queridos. En todos ellos reconocí los mismos ojos de esperanza en el futuro. 

Sin embargo, mientras conversábamos, también aparecieron los mismos temores universales: ¿qué voy a estudiar?, ¿de qué voy a vivir?, ¿hacia dónde camina el mundo? Inseguridades propias de la juventud, preguntas que tarde o temprano encuentran respuesta, así como ocurrió con todos nosotros en su momento.
"Hay un aspecto que llamó poderosamente mi atención: la profunda convicción y conciencia política y geopolítica de la gran mayóría de jóvenes chinos que pude conocer"
El amor, las redes sociales, el afecto por los animales, el deseo de aprender cosas nuevas, conocer otras culturas y luchar por los propios sueños conforman una lista casi interminable de similitudes entre jóvenes chinos y ecuatorianos. No obstante, hay un aspecto que llamó poderosamente mi atención: la profunda convicción y conciencia política y geopolítica de la gran mayóría de jóvenes chinos que pude conocer. En mis múltiples viajes por el mundo, pocas veces me he encontrado con adolescentes y jóvenes tan informados y dispuestos a reflexionar sobre las políticas internas y externas de su país. 

Este detalle final me lleva a pensar en el enorme valor del intercambio cultural entre nuestras juventudes emergentes. Las generaciones adultas tenemos una deuda histórica: crear políticas de integración que derriben las barreras que nos han distanciado. En un mundo cada vez más globalizado, la convergencia entre Oriente y Occidente no solo es posible, sino inevitable, y quizá sea en la juventud donde encontremos el punto de encuentro más honesto y esperanzador.